D. Angel Mateo Blanco.
Hipnoterapeuta. Titulado por la Escuela Superior de Hipnosis Clínica y Coordinador General de la Sociedad de Hipnoterapia Clínica. Colaborador de varios medios de comunicación.
LA HIPNOSIS Y LAS DROGODEPENDENCIAS.
Recientemente la hipnosis se ha ido divulgando algo más a base de programas de televisión que nada han aportado al mejor conocimiento de ésta técnica. Muy al contrario han contribuido a confundir y expandir tabúes y miedos a la aplicación de una técnica muy efectiva, rápida y eficaz. Hay que aclarar que al hablar de hipnosis me refiero siempre a la hipnosis clínica, no a la hipnosis de espectáculo, al show, que muy poco tiene que ver con la técnica de la hipnosis terapéutica. La aplicación de la hipnosis en las diversas patologías que admiten este tipo de tratamiento, que son casi todas, no es tan conocida ni tan divulgada. Además está siendo objeto de continuas mejoras y adaptaciones, de forma que su efectividad se va incrementando, a la vez que permite una mas amplia base de aplicación. Aplicada a las drogodependencias tiene una incidencia directa y resultados tan rápidos que hasta el terapeuta podría sorprenderse. Como con cualquier otra patología, y muy en especial con las dependencias, casi la única premisa que cabe establecer es que el sujeto, el paciente, quiera de verdad salir de la situación en que se encuentra. En el caso concreto que nos ocupa, hay que ver si el paciente da signos de tener una destrucción neuronal elevada o no, ya que en caso afirmativo poco se podrá hacer con la hipnosis clínica. Parece extraño, pero hay muchos sujetos con patologías diversas que prefieren padecerlas a curarse. Están mas felices y contentos compadeciéndose a sí mismos que tratando de hacer algo para modificar si situación, por duro que resulte lo que acabo de expresar (deficiencia de la autoestima). Pero cuando el paciente quiere pero no puede o no sabe como salir, encuentra en la hipnosis un aliado de especial relevancia y fortaleza. Hay que partir de la base de que cuando alguien trata de probar una sustancia con los suficientemente conocidos efectos adictivos, y además piensa que es superior a los efectos de la droga, algo está fallando en su mente. Pueden ser desde conceptos elementales hasta sufrir trastornos que le hagan meterse a realizar este tipo de pruebas sin aparente sentido. Nadie comprueba o trata de comprobar el efecto del golpe al tirarse de un 10º piso, y si es capaz de resistirlo o no, ya que sabe que se mata directamente. Solo los suicidas lo hacen sin ensayos previos. La famosa búsqueda de emociones o sensaciones nuevas, de la que muchos hablan. Es solo un pretexto, o más bien, la manifestación externa de algún problema interno, que hace que el individuo busque algo sin importarle demasiado las consecuencias. Aquí es donde nace la labor del terapeuta. Tiene que averiguar cual es el origen real de la conexión inicial entre el sujeto y la droga. Es fácil que el mismo individuo no sea consciente de ese origen, por lo que el terapeuta debe ser capaz de ir buscando elementos desencadenantes en la charla inicial con el paciente, desde la más tierna infancia hasta el presente (hipnoanálisis). Será normal, por evidente, que debe haber episodios en los que la autoestima del sujeto se haya ido viniendo abajo, destruyéndose, sin que hubiera habido reparación alguna. Será también normal que se hayan ido produciendo episodios de inseguridad, que al mezclarse con las emociones al crecer, hayan producido la consabida ansiedad. Muy probablemente unido a una falta casi total de objetivos, o como mínimo, ausencia de facilidad para identificar esos objetivos futuros. Éste es el caldo de cultivo ideal para comenzar una dependencia, ya sea tabaco, alcohol, o drogas más fuertes, o incluso formas más sofisticadas. En todos estos casos el sujeto se encuentra preso de una situación, en que para conseguir salir de ella ha de volver a consumir para caer más profundamente cada vez.
2. APLICACIÓN DE TERAPIA.
Una vez conocidos los orígenes y proceso de la dependencia, la terapia que se precisa ha de ser muy fuerte, en hipnosis profunda, con largos ejercícios de relajación y visualización, para conseguir poner al paciente en la situación idónea. El número de sesiones generalmente es largo, ya que lo primero que se hace necesario es ver de cortar lo mas pronto posible el consumo, o al menos, el consumo mas intenso. Hay que moderarlo como sea, incluso con dos sesiones a la semana. En el momento en que se consigue este primer logro, el paciente advierte que es posible salir, por hundido que se encuentre, y su colaboración es más intensa al encontrarse mejor. Se hace preciso continuar dirigiendo la terapia a la ganancia de autoestima continua, con las órdenes de ir moderando cada vez más la ansiedad. Es muy importante hacer especial énfasis en conseguir dominar las compulsiones que se producen, bien como consecuencia del hábito, bien como consecuencia de la vida misma. Este aspecto se debe eliminar de forma que el control de las compulsiones no suponga esfuerzo alguno para el paciente. No es razonable proponerse que el consumo se abandone de forma radical, mas bien es mejor permitir que el consumo vaya debilitándose de forma paulatina, aunque firme, con órdenes relativas a la cantidad consumida, reduciendo semanalmente las cantidades que se han pactado con el paciente. En el instante en que el consumo sea muy reducido hay que enfatizar la terapia a consolidar la autoestima y a la búsqueda de objetivos, a la realización del sujeto como ser humano, libre ya de cualquier dependencia. Una vez que haya transcurrido un mes sin que el paciente haya experimentado ni el más leve recuerdo de su dependencia, y éste esté fuerte y seguro, podemos considerar que el tratamiento habrá terminado. Un efecto poco conocido de la hipnosis clínica es que produce un efecto como de vacuna a la patología que se trate, si se ha terminado el tratamiento de forma exitosa y término de forma total. La patología tratada ya no vuelve a aparecer, aunque podría aparecer otra diferente ante sucesos también diferentes. Es imposible determinar el número de sesiones necesarias para esto. En mi casuística personal hay desde 6 sesiones, dependencias afectivas, de tabaco, o bien de alcohol, hasta 34 sesiones, drogas con alcohol y con origen en la anorexia. Este tipo de patologías tan complicadas, remiten bien, pero hay que poner delante desde el comienzo como 6 meses e incluso más, para poder eliminar bien todos los restos de dependencia mental, psicológica, que es la realmente compleja, ya que la dependencia químico-fisiológica se elimina con bastante más facilidad. En cualquier caso, el primer paso por parte de la familia es considerar que hay en casa un enfermo y tratarlo, de acuerdo con el terapeuta.
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