D. Jesús Genaro González.
Instructor de Hipnosis Clínica. Director de la Escuela Superior de Hipnoterapia Clínica. Master en Técnicas hipnoideas. Master en Patologías de la Conducta. Master en Psicología Conductista. Presidente de la Sociedad de Hipnoterapia Clínica. Miembro de la National Guild of Hypnotherapist. Delegado de la United Fellowship of Hypnotherapists. Representante de la National Board of Hypnotherapists. Miembro de la National Federation of Hypnotist. Miembro delegado de la National Board of Professional and Ethical Standars (Hypnosis Education & Certification).
LA IMPRONTA FILIAL EN HIPNOSIS.
Los estudios sobre impronta filial en primates del matrimonio Harlow y en bebés humanos de René Spitz del Instituto Psicoanalítico de Nueva york, observaron que durante las primeras fases del desarrollo cerebral la carencia de impronta filial, esto es, la relación emocional entre los recién nacidos y sus pro- genitores, genera inhibición en el comportamiento, y retraso en el desarrollo psíquico. Estudios más re- cientes con animales, fundamentalmente de la Politécnica de Darmstadt y del Instituto Leibniz corro- boraron que también en ellos la impronta determinaba un papel vital en el desarrollo cerebral. Se comprobó que las las propiedades de algunas células nerviosas, localizadas en algunas zonas del ce- rebro se modificaban notablemente. Estas zonas cerebrales se encargan de reconocer el estímulo de la impronta y de valorarlo de forma emocional, asociando los estímulos sensores a la emocionalidad (por ejemplo la voz de la madre), estos estímulos sensoriales aprendidos activan esas zonas cerebrales me- tabolizando un consumo más alto de esas células nerviosas. Se ha llegado a constatar que durante los primeros minutos de la impronta filial en mamíferos, se incrementan los contáctos sinápticos del área frontal del córtex cingular, un sector del sistema límbico que se encuentra detrás de la frente. El pe- queño cerebro genera la impresión de querer retener en el máximo posible de canales de la memoria estos nuevos estímulos sensoriales que comportan interés para su supervivencia. ¿Qué sucede cuando existe una carencia de impronta filial? esto es, una carencia de emocionalidad y afectividad en su entorno más próximo. Esto ha podido estudiarse de una manera efectiva y seria tras la caída del telón de acero en la ingente cantidad de huérfanos rumanos que habían vivido en con- diciones de abandono. En efecto, se encontró en ellos una evidente falta de actividad cerebral en el sistema límbico frontal (un déficit muy similar al de aquellas personas que sufren trastornos de atención, neurosis y esquizofrenia). De todo ello, se deduce con facilidad que las carencias emocionales generan unas sinapsis indeseables que conlleva un efecto inhibidor del comportamiento, de hecho, hoy día comienza a relacionarse los trastornos de hiperactividad y de falta de concentración en niños con el desarraigo familiar. En una postura freudiana pura, asociar la carencia de impronta con trastornos tales como el autismo, la ansiedad, la esquizofrenia, la depresión... y todo un rosario de trastornos de la personalidad resulta tentador y sencillo. Si trasladamos la teoría a la esperiencia terapéutica, lo cierto es que ningún te- rapéuta se atrevería a negar esta correlación. Raras veces nos hemos encontrado con una disfunción más o menos cronificada en un adulto que no tuviera una base traumática infantil o un desarraigo, esto es a la postre, una carencia de la impronta. En una sociedad occidental desarrollada como la nuestra donde la impronta filial no la podemos ubicar en las primeras semanas, ni siquiera en los primeros meses, incluso ni en los primeros años del desarrollo del bebé, es fácil encontrar carencias emocionales que no tardarán en repercutir severa- mente en el comportamiento del niño. En este punto, llega a la clínica del hipnoterapéuta el adolescente anoréxico, bulímico, depresivo, neurótico, con trastornos de concentración, hiperactivo, dependiente, o cualquier otro trastorno, con la aparente preocupación de sus padres que en absoluto se responsabilizan de una carencia emocional del joven, y que pretenden resolver la patología en un sólo día, achacándolo tantas veces a problemas educacionales o sociales, pero jamás a ellos mismos. Un estudio reciente de la Organización Mundial de la Salud revela, que en las generaciones occidentales nacidas con posterioridad a 1995, es previsible un incremento cercano al 80% de las patologías psicológicas y disfunciones del comportamiento en los adolescentes. Dado que no existe ni existirá una formación que obligue a una licenciatura de cómo comportarse correctamente como padres antes de engendrarlos biológicamente. Las carencias de impronta filial continuarán y crecerán dando como resultado genereraciones de jóvenes inhibidos, muy probablemente drogodependientes, depresivos... y un largo etcétera de todos conocido.
2. APLICACIÓN DE LA HIPNOTERAPIA COMPENSATORIA.
Llegado el momento de la intervención terapéutica, es imprescindible incrementar los niveles de autoes- tima y autoconcepto rápidamente. Una vez logrado esto, una reetiquetación de los estímulos erróneos adquiridos durante la fallida impronta filial resulta, en mi opinión, claramente necesaria. Para ello, una postura Gestáltica parece según mi criterio, la opción terapéutica más adecuada. Hacer enfrentarse al joven con la realidad práctica del desconocimiento y la cierta incompetencia del comportamiento de sus padres, en el sentido de una falta de intencionalidad en el ánimo de perjudicarle, resulta necesario para la comprensión y aceptación de su entorno familiar impidiendo su desarraigo y su percepción con- dicionada de la realidad. La experiencia aplicativa demuestra que la intervención terapéutica en este sentido, resulta eficaz en la desinhibición de su comportamiento, en una relación emocional más equilibrada, comprensiva y en absoluto condicionante de su autoestima con su entorno familiar. Equilibrado esto, la posibilidad de de- pendencias tanto farmacológicas como emocionales queda muy reducida. Hemos podido observar tam- bién que a largo plazo, no se produce tampoco una repetición en la conducta emocional de pareja en imitación a la de sus progenitores, sino más al contrario, una independencia absoluta de la personali- dad con unos criterios objetivos y propios que generan una pauta de conducta absolutamente distinti- va, incluso a veces, intencionada y racionalmente diferente. Sin embargo, responsabilizar por completo a la impronta filial de todas las patologías posteriores del adolescente o incluso del adulto, es bajo mi punto de vista, extremadamente freudiano. Debemos reconocer, que una carencia emocional en el entorno social, o bien en el entorno afectivo, resulta tan condicionante como pueda serlo el desarraigo, por tanto, la probabilidad de la disfuncionalidad de la conducta está siempre presente cuando las carencias emotivas hacen acto de presencia. ¿ Resultaría esto, igual a reconocer que el ser humano es un mamífero gregario de manada?. Sin duda, sí. El aislamiento social o una inhibición forzada de la emocionalidad no conducen a otra cosa que a la esquizofrenia paranoide, como bien la historia se empeña en demostrarnos. Aunque visto desde el lado positivo (nunca hay que olvidarse del PNL) los terapéutas seremos siempre un mal necesario, dado que pretender una correctísima impronta de los progenitores, una emocionalidad afectiva equilibrada y complementada o un entorno social realizador y cálido, no deja de ser una quimera, en una sociedad como la nuestra donde los valores afectivos y sociales, están casi perdidos.
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