La regresión con hipnosis a vidas pasadas y la falsa memoria.
Una de la prácticas más iatrogénicas de acuerdo al conocimiento científico actual es la llamada hipnosis regresiva. Esta práctica, además de no seguir ningún protocolo académicamente respaldado para el cliente, genera el denominado síndrome de falsa memoria, que es el responsable de las fabulaciones o falsos recuerdos que fácilmente se producen a quienes se inician en este procedimiento inapropiado.
El síndrome de falsa memoria o fabulaciones que en principio pudiesen parecer inocuos, hoy sabemos que puede tener graves consecuencias de repercusión en la conducta de las personas.
Informe sobre hipnosis regresiva y falsos recuerdos. (Capafons y Mazzoni 2004).
La hipnosis es una técnica carente de riesgos por sí. Sin embargo, un uso inadecuado de tal técnica puede ser iatrógeno, especialmente en lo referido a la génesis de falsos recuerdos por parte de la persona hipnotizada. Las creencias erróneas y mitos sobre las potencialidades de la hipnosis transmitidos por los medios de comunicación y los propios profesionales suelen ser, en última instancia, los responsables de los riesgos de la hipnosis. Por lo tanto, una forma de ayudar a prevenir tales riesgos es proporcionar una información rigurosa y veraz al cliente que se pretende ser objeto de una hipnosis regresiva.
Hipnosis e iatrogenia.
En términos generales, puede afirmarse que la hipnosis por sí no es peligrosa para la persona hipnotizada. Aunque la hipnosis se asocia a ciertos efectos o consecuencias molestas para la persona, como dolor de cabeza, embotamiento, etc., no parece que esto sea superior a las consecuencias de asistir a una clase de universidad o a un examen (Coe & Ryken, 1979; Lynn, Myer, & McKillop, 1993). De hecho, con unas precauciones mínimas, como desmitificar la hipnosis, o dar un momento para que la persona se despeje adecuadamente tras la hipnosis, suele prevenirse la aparición de tales secuelas, algo que los profesionales bien formados en hipnosis hacen habitualmente, al menos en EE.UU. (Page and Green, 2002). Tampoco existe evidencia alguna que permita afirmar que la hipnosis por sí pueda potenciar alguna patología psicológica (Wagstaff, 2000). En todo caso, existe evidencia que indica todo lo contrario (Faw, Sellers, & Wilcox, 1968), incluso evidencia acerca de las potencialidades beneficiosas para tratar a los esquizofrénicos paranoides (Gafner & Young, 1998), trastorno para el que se pensaba que la hipnosis podía ser contraproducente. Tal como indica Wagstaff (2000) eso no quiere decir que malos profesionales de la hipnosis no puedan resultar nocivos para la salud de las personas que los sufren.
No obstante, su peligro radica generalmente en las creencias sobre la hipnosis que transmiten a la persona a tratar: son tales creencias (Capafons, 1998, 2001; Frauman, Lynn, & Brentar, 2000) y, como veremos, la forma de preguntar a la persona bajo hipnosis, lo que puede ser realmente iatrógeno. De hecho, parte de las creencias erróneas iatrógenas que las personas mantienen sobre la hipnosis, como la pérdida de control que supuestamente promueve la hipnosis (Heap, 2000, Kline, 1976; Vingoe, 1992, 2000) o el incremento de la memoria y su precisión (Capafons, 2002, Capafons, Alarcón, Cabañas, & Espejo, 2003; Capafons, Cabañas, Espejo, & Cardeña, en prensa; McConkey, 2001) están determinadas y/o mantenidas precisamente por quienes aplican la hipnosis sean hipnotizadores de espectáculo (Heap, 1996). Conviene indicar que la hipnosis en sí misma no genera mayor confianza en lo erróneo o mayor imprecisión en lo que se recuerda (Kebbell & Wagstaff, 1997) si no que son, en parte, las creencias sobre las capacidades de la hipnosis las que parecen determinar este efecto en la persona hipnotizada.
Por tanto se puede aplicar tratamientos con hipnosis contraindicados para la persona, tratamientos que suelen incluir prácticas de hipnosis regresiva, confrontación con imágenes altamente ansiógenas, y de asociación libre, todo ello enmarcado en un estilo coercitivo y presionando al cliente a revivir las experiencias reales o imaginarias traumáticas (Heap, 1996). En tercer lugar, porque pueden generar falsos recuerdos en el cliente, usando la hipnosis como una herramienta encaminada a recuperar información olvidada o, más aún, reprimida/disociada del consciente. Aunque es cierto que las técnicas de hipnosis se usan con frecuencia para recuperar recuerdos, no hay evidencia científica convincente que apoye el hecho de que la hipnosis regresiva pueda ayudar a recordar hechos y episodios autobiográficos que el individuo no es capaz de recordar fuera de hipnosis.
Tampoco hay evidencia científica de que las sugestiones de hiperamnesia provoquen más recuerdos en estado de hipnosis que fuera de ella, ni siquiera que provoquen más recuerdos que cuando no se sugiere nada (Larra, Valero, & Abascal, 2003). Este aspecto se examinará posteriormente en este artículo con mayor amplitud. De momento es importante subrayar que los estudios científicos han demostrado que las inducciones hipnóticas generan en realidad, y como mínimo, tantos recuerdos falsos como verdaderos (Dinges, Whitehouse, Orne, Powell, Orne, & Erderlyi, 1992), y que producen un incremento en la confianza de todo aquello que la persona es capaz de recuperar (Scoboria, Mazzoni, Kirsch, & Milling, 2001). De hecho, el uso de técnicas de hipnosis para la recuperación de recuerdos pasados está estrechamente ligado al estudio de los falsos recuerdos.
Estos dos aspectos, incremento de la memoria y la regresión de edad, se relacionan además, y al menos, con cuatro aspectos más:
1) El estudio de la disociación, como, por ejemplo, el Trastorno Disociativo de Identidad (American Psychiatric Association, DSM-IV, 2000), ya que practicamente se asume por muchos autores que la hipnosis implica un estado disociativo (Bowers, 1992; Hilgard, 1965, 1991, 1992), aunque no sea patológico.
Sobre todo, el supuesto fenómeno del observador oculto (Hilgard, 1979), ha sido un aspecto importante de las teorías disociativas a la hora de relacionar la hipnosis con el estudio de los trastornos disociativos. Este fenómeno se da cuando el profesional de la hipnosis sugiere a la persona que una parte de ella permanecerá hipnotizada, mientras la otra no. Esta parte no hipnotizada quedará oculta durante el proeso de hipnosis, fuera del alcance de la memoria y conciencia de la parte hipnotizada. No obstante, esta parte de la persona, (que es el observado oculto), podrá comunicarse con el profesional de la hipnosis cuando éste le pregunte directamente siguiendo unas claves establecidas antes de la inducción. En el estudio experimental del observador oculto se ha creído encontrar las bases experimentales para explicar la génesis de los trastornos de identidad, y para justificar, también, la capacidad de la hipnosis para acceder al “inconsciente” y recuperación de material reprimido.
2) Y, por lo tanto, un segundo aspecto relacionado con el tema de hipnosis y la creación de falsos recuerdos, sería el estudio de la represión/disociación de recuerdos traumáticos, como pueden ser los abusos sexuales en la infancia, rituales satánicos, abducciones extraterrestres, vidas pasadas, etc. (Piper, Pope, & Borowiecki, 2000).
3) La investigación sobre la fiabilidad y validez de testimonios en hipnosis forense, es decir, el uso de la hipnosis y ciertas prácticas de interrogatorio para obtener confesiones, o evaluar la adecuación de acusaciones, testimonios, etc. (McConkey & Sheehan, 1995).
4) Con el estudio de la memoria en general, por la creencia de que la hipnosis incrementa el recuerdo y su precisión (British Psychological Society, 2001/2002), y porque la hipnosis puede aportar información sobre los procesos constructivos y reconstructivos de la memoria (McConkey, Barnier, & Sheehan, 1998). Estos tres últimos aspectos serán considerados en mayor profundidad posteriormente.
Así pues, el estudio de los falsos recuerdos y de la hipnosis es una encrucijada entre distintos y relevantes temas de investigación y aplicación psicológica. Por ello, conviene brevemente recordar que el fenómeno del observador oculto parece ser un producto de las instrucciones experimentales y no un “fenómeno” genuino (Lynn, 2001). En otras palabras, al variar las instrucciones experimentales se han conseguido provocar varios observadores ocultos en una misma persona, replicando así un supuesto trastorno de disociativo de identidad, o que el observador oculto sea una parte aún más hipnotizada de la persona, y no la que permanece sin hipnotizar (el observador oculto “estúpido” (Spanos, 1996). Serían la sugestión y la presión ambiental/social los que determinarían que la persona actuase como si tuviera un observador oculto, y no un proceso disociativo genuino (Lynn, 2001).
Teniendo en cuenta esto, no parece extraño que los resultados experimentales hayan mostrado en reiteradas ocasiones que la hipnosis no incrementa necesariamente ni el recuerdo (salvo con cambio en el criterio), ni la precisión de ese recuerdo, pudiendo incrementar la confianza en el recuerdo (sea o no verdadero), si bien esto depende bastante de cómo se pregunte a la persona (Kebbell & Wagstaff, en 1997). En todo caso, parece que la hipnosis facilita la génesis de falsos recuerdos, aunque no porque genere un estado especial de vulnerabilidad cognitiva, si no más bien, tal como hemos comentado, por las creencias asociadas al su uso y por las preguntas que se hacen a la persona hipnotizada (Kebbell & Wagstaff, 1997). De hecho, Wagstaff, Brunas Wagstaff, Cole y Wheatcroft (2004) encontraron que cambiando el nombre a la hipnosis por el de “estado de atención focalizada” los efectos sobre la imprecisión de la memoria se redujeron drásticamente, si bien el incremento de recuerdo correcto no especialmente significativo.
Por otro lado, el uso diagnóstico-terapéutico de la hipnosis inherente al tratar de recuperar un suceso patógeno (cuyo recuerdo está disociado en el inconsciente) puede asociarse cierta iatrogenia relacionada con las creencias y mitos indicados sobre la hipnosis. En concreto, el recuerdo erróneo de haber sufrido abusos sexuales que no existieron, el haber sido sometido a rituales satánicos que nunca se dieron, o haber sido objeto de abducciones extraterrestres, incluso el desarrollo de personalidades múltiples. El uso de las regresiones de edad en hipnosis como técnica habitual para acceder al material disociado, presenta una serie de características que lo hacen por tanto muy poco fiable. Cuando tales regresiones se encaminan a redescubrir el pasado y resolver traumas reprimidos/disociados, no digamos para volver a vidas pasadas, se basan en una teoría sobre la disociación y amnesia psicógena carente de evidencia científica (Piper, Pope, & Borowiecki, 2000).
De hecho, actualmente se considera la regresión como un constructo impreciso y difícil de evaluar y sobre el que no hay ninguna evidencia experimental (Court & Court, 2001; Holmes, 1990). Incluso aunque se hubiera dado un proceso de represión o disociación (según qué autor, aunque, técnicamente, lo que se reprimiría son emociones, mientras que lo se disociaría son recuerdos), no sería prueba de que el recuerdo haya permanecido inalterado y no se haya modificado por los procesos reconstructivo y constructivo de la memoria. En este sentido, no hay ninguna razón por la que el recuerdo de los traumas no siga los mismos principios que siguen otros tipos de recuerdos. Incluso si se apela al concepto de mente inconsciente-consciente para justificar la inalterabilidad de los recuerdos, conviene recordar que esto es un concepto simplista, reduccionista y carente de significado científico (Heap & Aravind, 2002). No conviene confundir el inconsciente como metáfora con el inconsciente como una entidad tangible y factible (Fourie, 1997).
¿Cómo se puede generar un falso recuerdo en hipnosis y su informe?.
Conviene recordar que desde hace décadas se sabe cómo modificar el informe verbal de la persona a través del refuerzo diferencial de la conducta verbal. Greenspoon (1951) demostró experimentalmente que el profesional puede influir sobre el lenguaje de la persona entrevistada, además de resaltar la directividad del propio profesional, incluso cuando intenta ser no directivo. Desde esta perspectiva, una forma de generar el informe de un recuerdo, es el de ir moldeando el lenguaje del cliente a través de refuerzo diferencial verbal y no verbal (lenguaje no verbal) de sus aproximaciones sucesivas al recuerdo “previsto“. Añadido a esto está la influencia social de “expertos” en terapias de recuperación de recuerdos de abusos sexuales y similares, y de las supuestas “ex víctimas” de tales delitos que suelen presionar y persuadir a la persona para que acepte que la causa de su problema es un trauma reprimido.
Así mismo, las razones por las que los profesionales suelen creer en el informe de los clientes de haber sido objeto de abusos o torturas en la infancia suele estar basadas en la creencia de que la hipnosis regresiva lleva literalmente a la persona al momento que es rememorado (Gavigan, 1992). Relacionado con esto está el hecho de que los propios profesionales creen que la hipnosis es garante de lo que se dice estando hipnotizado siempre es la verdad, al anular el control conciente de la persona. Por ejemplo, Yapko (1994) encontró que el 47% de los profesionales por él consultados creían que, si un recuerdo se obtiene con hipnosis, se debía creer más en los detalles del evento traumático. Así mismo, el 54% creían que la hipnosis regresiva permite recordar incluso cosas del nacimiento. El 76% de los trabajadores sociales creyeron que el recuerdo es más preciso con la hipnosis. En línea con lo anterior, Kai-ching Yu (2004) encontró que el 50% de los profesionales de la salud encuestados en su investigación creía que la hipnosis puede hacer recordar cosas que sin ella no sería posible recordar, y que un 50% estaban de acuerdo en que la hipnosis hace posible las regresiones de edad.
Así mismo, los profesionales tienden a aceptar como ciertas las expresiones de los clientes sobre la recuperación de recuerdos disociados, cuando se dan algunas de estas condiciones: las respuestas emocionales del cliente son fuertes; los clientes presentan recuerdos detallados y coherentes, y son recuerdos corporales que reflejan experiencias actuales del cliente; cuando el recuerdo suele acompañarse de dolor psicológico, especialmente si se dan informes parecidos de clientes que no se conocen.
En este sentido, los propios clientes creen en sus supuestos recuerdos al aceptar que la hipnosis “obliga” a la persona a recordar y decir siempre la verdad. Pero además, algunos clientes informan de estos recuerdos para causar buena impresión a la figura de autoridad, especialmente si ésta cree en los informes del cliente. Si, junto a esto, la persona es un cliente dependiente del profesional y de otros ex pacientes, se le insta a que defienda públicamente los supuestos recuerdos (como, por ejemplo, la terapia de grupo), reduce el contacto con su familia, la figura de autoridad y el grupo refuerzan sus creencias en los falsos recuerdos, y argumenta a favor de los falsos recuerdos (por ejemplo, descubrir por sí mismo el abuso), la probabilidad de que el cliente se crea sus apropias fantasías es elevadísima (Ganivan, 1992).
Estas razones se suman a las relacionadas directamente con la propia hipnosis, es decir, que se asuma que la hipnosis incrementa el recuerdo a través de sugestiones directas y de la regresión de edad. La creencia de que la inducción hipnótica puede ayudar a recuperar los recuerdos del pasado que de otra forma permanecerían inaccesibles, tiene una historia muy antigua, tanto como el uso de las técnicas en sí mismas, y es muy frecuente, especialmente entre algunos clínicos. La segunda autora recuerda un caso en el que un clínico estaba completamente seguro de que el recuerdo que había sido recuperado por uno de sus clientes durante la hipnosis era un recuerdo cierto, y que reflejaba un evento que realmente le había ocurrido a la cliente. El recuerdo versaba sobre una vida pasada en la que la mujer (quien había vivido toda su vida en Australia) era realmente una princesa francesa que disfrutó de los lujos de una vida real y palaciega. Para creerse ese recuerdo, debe creerse no sólo en la influencia positiva de la hipnosis sobre la memoria, sino también en la reencarnación, además creer en la muy improbable vida pasada como una afortunada princesa francesa del siglo XVIII. A pesar de lo muy poco plausible de tal recuerdo, la creencia del profesional australiano tuvo eco en algunos colegas durante un congreso sobre la eficacia de la hipnosis.
La cuestión es si este recuerdo tiene una base científica, es decir, si existen resultados científicos que apoyen con fuerza tal reivindicación. La respuesta es negativa. Aunque algunos estudios han mostrado que las personas hipnotizadas recuerdan, en ocasiones, más elementos y más detalles, el efecto es poco fiable, habiéndose ligado a factores que no son específicos de la hipnosis (Erdelyi, 1994).
La mayoría de los estudios en este ámbito indican, como ya se ha mencionado, que los procedimientos hipnóticos no incrementan la exactitud de la memoria. Por el contrario suele incrementar las tasas de error y fomentar la confianza en la precisión tanto de los detalles recuperados verdaderos como de los falsos (para una revisión, véase Erdelyi, 1994; Kebbell & Wagstaff, 1998; Orne, Whitehouse, Dinges, & Orne, 1988). En otras palabras, es igual de probable que un recuerdo recuperado bajo hipnosis sea falso o verdadero. La conclusión es, por lo tanto, que la hipnosis puede incrementar la cantidad de ítems recordados, pero no su precisión (Dinges 1992; Sheehan 1988; Sheehan & Tilden 1983).
Si bien estos estudios fueron realizados usando un material relativamente simple (por ejemplo, listas de palabras, material verbal), otros estudios muy interesantes han demostrado con claridad que mediante hipnosis es relativamente sencillo crear recuerdos falsos sobre eventos autobiográficos (verbigracia, recuerdos de eventos que ocurrieron en el pasado de la persona).
En un trabajo reciente, Malinowsky y Lynn (1999) pidieron a los participantes que recordaran elementos de su primer y segundo cumpleaños. Al comienzo nadie pudo recordar nada sobre ellos. La carencia de recuerdo sobre esos eventos que sucedieron tan tempranamente en la vida de las personas no genera sorpresa. Se debe a un fenómeno muy bien conocido denominado amnesia infantil, en virtud de la cual es altamente improbable que una persona sea capaz de recordar cualquier evento que haya sucedido antes de los dos años o dos años y medio (Usher & Neisser, 1993). Posteriormente, se solicitó de los participantes que cerraran los ojos y trataran de recordar algo de cualquiera de los dos cumpleaños. Se les dio la sugestión de que el mero hecho de pensar ayuda a recordar. En esta condición, el 50% de los participantes, aproximadamente, recordó algo sobre su segundo cumpleaños, mientras que nadie recordó nada sobre su primer cumpleaños. Sin embargo, el resultado interesante de este estudio es que tras haber sido hipnotizados el porcentaje de participantes que “recordaron” su segundo cumpleaños ascendió hasta aproximadamente el 80%, y que un menor pero fiable porcentaje (35%) fue capaz de recordar elementos de su primer cumpleaños. Estos nuevos recuerdos sobre los dos cumpleaños no pueden ser recuerdos auténticos, porque la amnesia infantil se produce por la inmadurez inicial del sistema nervioso central del ser humano. Esta condición hace imposible codificar los recuerdos en un formato al que posteriormente se pueda acceder como un recuerdo de adulto accesible y completo. Los nuevos recuerdos son únicamente construcciones, fabulaciones, o recuerdos falsos que han sido creados debido a la creencia que bajo hipnosis es más fácil desenterrar recuerdos antiguos e inaccesibles.
Spanos, Burgess, Burgess, Samuels y Blois (1999) encontraron algo similar en otro estudio. En este caso se hipnotizó a los participantes y se les aplicó una regresión de edad, pidiéndoles que trataran de recordar los juguetes móviles que se ponen en la cuna para que el niño trate de asirlos y seguirlos con la mirada durante los primeros meses de vida. Aunque antes de la hipnosis nadie fue capaz de recordar nada sobre el juguete móvil, tras regresión de edad bajo hipnosis, un porcentaje considerable de participantes describió el juguete móvil colgando en su cuna. En este caso, también estos nuevos recuerdos del juguete móvil fueron realmente falsos, dado que como ya se ha comentado previamente, no es posible tener recuerdos episódicos para eventos que han sucedido tan pronto en la vida.
Aunque los recuerdos “recuperados” durante la hinosis regresiva sean claros, vívidos y aparentemente convincentes, un académico de la hipnosis (Nash, 1987) concluyó, tras revisar más de cien estudios sobre los efectos de la hipnosis regresiva sobre el recuerdo autobiográfico, que no hay evidencia sobre que la experiencia de los adultos hipnotizados corresponda a la experiencia real infantil.
Dos aspectos interesantes de los falsos recuerdos son, como veremos, que no se pueden distinguir de los recuerdos verdaderos, y que la gente que los recuerda está segura de que realmente les ocurrió lo que creen haber recordado. Es importante resaltar que tal incremento en la confianza es sólo un subproducto de la hipnosis (Scoboria, Mazzoni, Kirsch & Milling, 2001). Todos estos pseudorecuerdos normalmente se crean sugiriendo a la persona hipnotizada que ocurrió algo que realmente nunca sucedió (Laurence & Perry, 1983; Orne, 1979). En este caso, la hipnosis incrementa la certeza que tiene la persona en su recuerdo erróneo. Un ejemplo bien conocido se remonta a Janet (1889), quien hizo una hipnosis regresiva a su famosa paciente, Marie, e intencionalmente implantó un pseudorecuerdo sobre la primera vez que conoció a un chico cuya deformidad facial le había asustado. El recuerdo original fue sustituido por uno nuevo, y falso, en el que el mismo chico tenía una cara de aspecto agradable.
Janet, y la mayoría de los profesionales de la hipnosis, ha usado profusamente la creación intencional de pseudorecuerdos. La única diferencia entre los pseudorecuerdos y los falsos recuerdos es que los primeros se crean intencionalmente y son de contenido positivo, mientras que los falsos recuerdos son creados a través de la hipnosis regresiva de forma no intencional, como un subproducto de las creencias que mantienen profesionales y clientes. Dicho con otras palabras, el contenido de los falsos recuerdos no está predeterminado intencionalmente por el profesional, aunque habitualmente los cree guiado por sus supuestos teóricos acerca del origen del problema del cliente.
Además de sugerir directamente el recuerdo falso en hipnosis regresiva, existen otras formas que son menos potentes que la hipnosis, pero también favorecen que la gente cree falsos recuerdos (Mazzoni, 2003). Por ejemplo, Mazzoni y Memon (2003), pidieron a los participantes que recordaran un evento relativamente frecuente (que un dentista les extraía un diente de leche antes de los seis años), y un evento que realmente nunca les había sucedido a los participantes. Este segundo evento, que nunca había ocurrido, hacía referencia a que una enfermera escolar les extirpaba un trozo de piel del dedo pequeño de los participantes antes de los seis años. Una investigación exhaustiva confirmó que tal procedimiento (o algo parecido) nunca se había utilizado en la zona donde los participantes se habían criado. A los participantes se les pidió que imaginaran tanto la extracción dental, como la extirpación de piel. En la línea de lo que se esperaba, antes del procedimiento imaginativo nadie recordaba que una enfermera escolar les hubiera extirpado piel de su dedo pequeño. Sin embargo, tras la imaginación, un porcentaje significativo y considerable de participantes indicaron recordar la extirpación de piel. Se puede observar que tales recuerdos pueden ser considerados ciertos si no se sabe cómo se han obtenido.
Como se ha comentado, una de las razones por las cuales es tan sencillo crear falsos recuerdos utilizando procedimientos sugestivos potentes y moderados está relacionada, como hemos indicado, con las creencias que tienen, tanto la persona que recuerda, como el propio profesional. Cuando el recuerdo es “recuperado” en un contexto terapéutico, la creación de un recuerdo falso se puede atribuir también a la creencia que el profesional tiene. La propia interpretación de los sueños puede ayudar a la creación de tales recuerdos falsos. De hecho, en una serie de estudios en los que se le pidió a un clínico que interpretará los sueños que los participantes les iban contando, fue realmente sencillo generar falsos recuerdos (Loftus & Mazzoni, 1999; Mazzoni & Loftus, 1998, 1999; Mazzoni, Loftus, Seitz, & Lynn, 1999; Mazzoni, Lombardo, Malvagia, & Loftus, 1998).
En estos estudios, la interpretación del profesional siempre era la misma, independientemente del contenido real del sueño, indicándose a todos los participantes que habían tenido una experiencia traumática cuando eran niños. Sólo se reclutó a participantes que decían al comienzo que estaban seguros de que nunca les había ocurrido el evento específico de ese estudio. En algunos estudios, la experiencia traumática sugerida era que se habían perdido en un centro comercial durante más de una hora (estudio citado en el vídeo), o que había sido abandonado por sus padres (Mazzoni & Loftus, 1998; Mazzoni et al, 1998). En otros, (Loftus & Mazzoni, 1998) el evento era que había estado al borde de la muerte en un choque; en otros que se había sido intimidado por un compañero (Mazzoni 1999). El profesional sistemáticamente decía a los participantes que, en su amplia experiencia, el contenido específico de ese sueño sugería que habían tenido una experiencia traumática cuando eran jóvenes. Las experiencias traumáticas tempranas, proseguía el profesional, normalmente están enterradas y no son accesibles a la memoria en el estado de vigilia. No obstante, continuaba el profesional, los sueños son el camino privilegiado por el cual los recuerdos traumáticos salen a la superficie. Evidentemente, el contenido específico del sueño de la persona siempre era relacionado por el profesional con el trauma que estaba previsto para ese estudio en particular.
Tras la interpretación del sueño los falsos recuerdos de los participantes se incrementaron significativamente, y en algunos casos las personas estuvieron seguras de que realmente habían tenido esa experiencia específica, informando de recuerdos de ese evento (Mazzoni 1999). En los estudios se mostró también que aquellos que desarrollaron falsas creencias y recuerdos tras la interpretación del sueño, fueron también los que creyeron que la interpretación del sueño puede revelar aspectos de la personalidad y de la experiencia de uno, que de otra forma serían opacas a la persona.
Por lo tanto, las creencias que tienen los clientes les inducen a aceptar la interpretación que les proporciona el profesional, y a aceptar la creencia del profesional de que les han acaecido ciertas experiencias. Más aún, si consideramos que la interpretación del sueño se realizó fuera de un ámbito terapéutico y en sólo treinta minutos, es fácil predecir cual puede ser el efecto de un profesional que trabaja sobre la memoria durante meses.
Además de la sugerencia directa en hipnosis regresiva, o la imaginación y el “abordamiento” (interpretación de los sueños), también se pueden crear falsos recuerdos a través de las preguntas tendenciosas (leading questions) y engañosas (misleading questions), sea estando la persona hipnotizada o no. El modo de preguntar y de transmitir información a la persona tanto con hipnosis como sin ella (para una revisión detallada véase Mazzoni 2003) puede determinar la creación de falsos recuerdos. Una forma de hacerlo es presentar a los participantes un vídeo con una escena sobre un crimen. A continuación se les proporciona información falsa para, posteriormente, preguntarles alguna cuestión relativa a lo mostrado en el vídeo. En todos los estudios en los que se ha utilizado este procedimiento denominado “el efecto de información errónea” (missingform), los resultados son los mismos: tras haber escuchado la información errónea o haber contestado a las preguntas engañosas, la persona cambia su informe sobre lo que vio en el vídeo (para un estudio central de esta área, véase Loftus, Miller, & Burns, 1978). Incluso información muy sutil, como las forma de verbalizar la sentencia, puede cambiar el informe del testigo. (Loftus & Zanni, 1975).
El problema de recibir preguntas tendenciosas es el riesgo de que la información errónea cambie el recuerdo del suceso original. Esto es exactamente lo que se ha encontrado en un estudio reciente (Mazzoni, Casiano, & De Leo, 2003), en el que se forzó a confabular a unos niños sobre el contenido de un vídeo. Dos semanas después de ver el vídeo indicaron que el contenido de la fabulación era parte del vídeo.
Según algunos autores, en este paradigma parece relevante la sugestionabilidad hipnótica, y personas con un alto nivel de sugestionabilidad hipnótica tenderían a recordar más cosas falsas (McConkey & Sheehan, 1995), aunque no todos los estudios han encontrado los mismos resultados (Sheehan, Garnett, & Robertson, 1993; Sheehan & Linton, 1993; Register, & Kihlstrom, 1988).
De hecho, el mejor indicador de la predisposición de ceder a las preguntas tendenciosas es el nivel de sugestionabilidad interrogativa (Gudjonsson, 1984; 1992), más que el nivel de sugestionabilidad hipnótica, algo importante teniendo en cuenta que los distintos tipos de sugestionabilidad (placebo incluida) no parecen correlacionar entre ellos (Kirsch, 1997).
Es bastante común encontrar preguntas tendenciosas y engañosas no sólo en los interrogatorios policiales, sino en las propias entrevistas de investigación realizadas por psicólogos (para algunos ejemplos tomados de casos reales forenses véase Mazzoni 2003) y durante el diálogo terapéutico (recordemos de nuevo el efecto Greenspoon). En un abordamiento, las preguntas tendenciosas guían a la persona para que dé las respuestas que se esperan de ella, las realice el profesional intencionadamente o no (Register & Kihlstrom, 1988). No obstante, a pesar de la facilidad con la que se pueden crear recuerdos de algo que nunca sucedió, parece que la fabulación se reduce si hay evidencia con la que se pueda contrastar, y si se pregunta por la certeza en lo que se dice recordar, sobre todo si se disculpa a la persona por su error (Spanos, Gwynn, Comer, Baltruweit, & De Groh, 1989; Spanos & McLean en 1986).
Pero, aun así, las posturas se dividen en cuanto al papel de la hipnosis en la génesis de los falsos recuerdos. Hay autores que creen que la hipnosis por sí genera falsos recuerdos al hacer más susceptible a la persona para confundir realidad con fantasía (Sheehan, Statham, & Jamieson 1991). Otros autores, por el contrario, creen que depende del tipo de creencias que mantenga la persona hacia la hipnosis y de la forma en que se proporciona información y se pregunte por ella. Esta disputa no es baldía, ya que tiene repercusiones legales, incluso para aceptar testimonios de personas que hayan sido hipnotizadas (Brown, Schefflin, & Hammond, 1998).
En definitiva, la evidencia empírica indica que la persona hipnotizada puede y suele generar falsos recuerdos, aunque ello dependa también de factores externos a la propia hipnosis. Lógicamente, no se está diciendo que todo lo que recuerda la persona bajo hipnosis sea falso, si no que no podemos afirmar que sea cierto por haberse recordado en hipnosis. Así que la siguiente pregunta obvia es: ¿cómo distinguir un recuerdo falso de uno verdadero?. Se ha constatado que no son criterios válidos, como ya hemos indicado, el que la persona muestre un elevado nivel de convencimiento en lo que recuerda y/o que dé muchos detalles sobre lo sucedido.
En definitiva, tal y como indican estos autores, no hay criterios válidos para dirimir si un recuerdo es falso o no, salvo evidencias objetivas e independientes. No obstante, se está trabajando en la búsqueda de tales criterios (Brown 1998), concretamente en la fenomenología de la memoria (la memoria comparada), análisis de los informes (duración del informe, tipo de redacción, etc.) y psicología forense (pruebas para ratificar un suceso), pero sin resultados satisfactorios en la actualidad (Kihlstrom, 1994; Kihlstrom, 1998; Underwager & Wakefield, 1998). Por todo ello, el principal problema cuando se usa una hipnosis regresiva sigue siendo la falta de certeza en lo que se obtiene con ella. Según palabras de Gow (1999): “Desgraciadamente para las víctimas auténticas y para aquellos falsamente acusados, no tenemos modo alguno de distinguir los recuerdos falsos de los verdaderos“.
En definitiva, que la hipnosis no entraña riesgo por sí, si no que es la propia persona, en función de las creencias que tenga sobre la hipnosis y sus propiedades sobre la memoria, o, a menudo, el propio profesional de la hipnosis con sus preguntas tendenciosas y sugestiones, sea intencionadamente o no, quienes pueden generar el problema de los falsos recuerdos. Por ello, se debería exigir un entrenamiento y formación en el uso de la hipnosis y el funcionamiento de la memoria a todo profesional que la use.
Recomendaciones para los profesionales de la hipnosis.
A pesar de los riesgos evidentes de distorsión de los recuerdos, todavía son muchos los profesionales que usan la hipnosis para recabar información sobre su cliente. Si bien cabe decir “de entrada, no” a este uso de la hipnosis, ciertamente seguirá utilizándose para esos fines. Por ello, es conveniente considerar ciertas recomendaciones para reducir, que no eliminar, los riesgos de generar falsos recuerdos. Según Lynn, Kirch y Rhue (1996), es importante avisar al cliente del riesgo de distorsión de la memoria, debiendo tener mucho cuidado el profesional en cómo verbaliza las sugestiones y cuáles son sus implicaciones, evaluando, además, la credibilidad de los recuerdos recuperados durante su abordamiento.
Bowers y Farvolden (1996) indican que se debería evitar definir la cura del cliente en términos de que éste y el profesional necesariamente estén de acuerdo en cuál es el origen de su problema, tratando de considerar el problema desde varias hipótesis sin adherirse rígidamente a ninguna de ellas.
Sheehan (2001) recomienda grabar los recuerdos intactos al comienzo del abordamiento, y que se aclare al cliente que él, y no el profesional, es el responsable de la exactitud de los recuerdos. Así mismo, Pope y Brown (1996) sugieren una serie de preguntas que el profesional debe responderse antes de usar la hipnosis regresiva para recuperar recuerdos:
1). ¿Soy competente en el uso de la hipnosis (formación, educación y experiencia)?
2). ¿Conozco lo suficientemente la teoría e investigación sobre el uso de la hipnosis para esta población y en esta situación?.
3). ¿He acordado con el cliente un consentimiento informado o un rechazo informado?.
Finalmente, nosotros pensamos que la pregunta clave es la que plantea McConkey (2001):
4). ¿Aportará algo al abordamiento del cliente usar la hipnosis regresiva?
En definitiva, como indican Bloom (1994) y London (1997), el comportamiento del profesional puede moldear profundamente el recuerdo recuperado y cómo se usa ese recuerdo tanto en el ámbito clínico como en otros ámbitos. Por lo tanto, dada la importancia del juicio acertado y de la práctica del profesional, su comportamiento debe ser coherente con las intervenciones basadas en evidencia científica y que sean clínicamente sensatas.
Por ello es importante que los profesionales conozcamos la conclusión de la Sociedad Británica de Psicología (The British Psychological Society) (2001): “La hipnosis no tiene ninguna propiedad especial para incrementar la memoria, ni en terapia ni en ningún otro contexto. Hay circunstancias en las que los propios componentes de la hipnosis, como la sensación de relajación y bienestar, pueden justificar su uso durante un periodo de recuerdo. Los procedimientos hipnóticos pueden ser útiles para examinar y reestructurar los recuerdos existentes que están asociados al problema del cliente. De cualquier modo, en esas situaciones debe reconocerse el potencial para producir recuerdos de los que se está seguro, pero que no son precisos. La hipnosis no debería usarse basándose en la idea de que con ella se pueden recuperar recuerdos de sucesos de los que el sujeto no se acuerda, pero que son la causa de su problema actual.”
Dr. Antonio Capafons.
Profesor Titular de Universidad del Departamento de Personalitat, Avaluació i Tractaments Psicològics de la Facultad de Psicología de la Universitat de València (España).
Dra. Giuliana Mazzoni.
University of Plymouth, Reino Unido.
Víctimas de la hipnosis regresiva.
Elizabeth Loftus, psicóloga, considerada una de las mayores expertas mundiales en el funcionamiento de la memoria. Sus investigaciones han revelado que recordar algo no significa que haya sucedido, que la memoria puede manipularse hasta extremos increíbles.
Hay quienes, entre nosotros, están convencidos de haber tenido vidas anteriores, haber sido secuestrados por extraterrestres y haber participado en rituales satánicos. ¿Qué pasa cuando no hay más prueba de un hecho traumático que el recuerdo sacado del olvido por un terapeuta? ¿Tener memoria de algo demuestra que pasó? No. Y creer lo contrario puede tener dramáticas consecuencias. “El mayor de los escándalos de la psiquiatría norteamericana del siglo XX es la creciente manía de miles de terapeutas ineptos, consejeros familiares y trabajadores sociales de provocar falsos recuerdos de abusos sexuales infantiles“, sentenciaba en 1994 el divulgador científico Martin Gardner.
Tragedias olvidadas.
Cientos de familias se rompieron en Estados Unidos y Canadá, en los años 80 y 90, tras convencer terapeutas y psiquiatras a muchos pacientes de que de niños habían sufrido abusos y reprimido los recuerdos, a modo de autoprotección. No existían más pruebas que los testimonios de unas víctimas que habían empezado a revivir sus dramas bajo hipnosis, los efectos del suero de la verdad y otras cuestionables técnicas de sugestión. Hubo casos que llegaron a los tribunales y se zanjaron con largas condenas de cárcel para unos padres o educadores hasta entonces modélicos. Se convirtieron en villanos de la noche a la mañana y, aunque al principio negaron las acusaciones, al final muchos acabaron por admitir la culpa.
Científicos como Loftus han probado, sin embargo, que la recuperación de recuerdos perdidos es poco fiable, que recreamos el pasado cada vez que lo revivimos, añadiendo nuevos detalles. “Los participantes (en un experimento) vieron un accidente de automóvil en un cruce con una señal de stop. Después, se sugirió a la mitad de ellos que se trataba de un ceda el paso. Cuando más tarde les preguntamos qué señal de tráfico había en la intersección, aquéllos que habían sido sugestionados tendieron a decir que un ceda el paso. Los que no recibieron información falsa fueron mucho más precisos en su recuerdo de la señal“, explica la psicóloga.
Stephen Lindsay, de la Universidad de Victoria (Canadá), probó hace seis años que verse en una escena lleva a muchas personas a pensar que la han vivido. En un experimento, se enseñaron a veinte individuos fotos de su niñez procedentes del álbum familiar y una manipulada digitalmente con el protagonista montado en un globo aerostático, algo que nunca había pasado. Al ver la foto trucada, la mitad de los sujetos recordó la vivencia inventada. A finales del año pasado, un grupo de psicólogos liderado por Loftus demostró que fotos de sucesos históricos retocadas pueden alterar nuestro recuerdo de esos hechos: sólo con incluir un encapuchado y un antidisturbios en una imagen de una manifestación pacífica de la que tuvimos noticia en su día, se convierte en nuestra memoria en una protesta violenta y con heridos.
A gusto del profesional de la hipnosis.
A diferencia de las abducciones, los abusos sexuales en la infancia son reales. El debate científico se centra en si bastan las rememoraciones obtenidas mediante hipnosis y otras técnicas de sugestión para condenar a alguien, como ha pasado en EE UU. ¿Por qué? Porque, como demuestran las pruebas de laboratorio, los recuerdos pueden tergiversarse. “La información errónea puede invadir nuestra memoria cuando hablamos con otros, somos interrogados o leemos o vemos en los medios información sobre algo que hemos experimentado“, indica Loftus. Así se explica que haya quien recuerde, en la consulta del terapeuta, haber sido víctima de abusos y sufrido abortos a pesar de que un examen médico demuestra que es virgen, y que inocentes acaben confesando crímenes que nunca cometieron.
El suceso protagonista de los recuerdos del paciente depende de las inclinaciones del hipnólogo: los ufólogos tienden a descubrir abducciones; los parapsicólogos, experiencias de vidas pasadas; los clérigos, rituales satánicos; algunos psiquiatras y terapeutas, abusos sexuales infantiles… Es lo que cada uno de ellos busca y hacia lo que dirige sus tendenciosas preguntas. “La hipnosis es una mala herramienta para averiguar la verdad porque es un estado en el que uno es especialmente sugestionable y puede dar lugar a confusiones y a la creación de falsos recuerdos“, asegura Susan Clancy, psicóloga de la Universidad de Harvard y autora del libro Abducted. How people come to believe they were kidnapped by aliens. (Abducidos. Cómo llega la gente a creer que ha sido secuestrada por alienígenas. 2005).
Tras su 44 cumpleaños, Elizabeth Loftus recordó traumáticamente el hallazgo, cuando era una niña, de su madre muerta. Rememoró el descubrimiento del cuerpo flotando boca abajo en la piscina, el coche patrulla con sus luces, la camilla con el cadáver cubierto por una sábana blanca… Hasta que días después su hermano la sacó del error: su tío se había confundido; ella no había encontrado a su madre muerta. Un comentario inocente de un pariente había bastado para convencer a la psicóloga estudiosa de la memoria de que había vivido una experiencia que en realidad nunca vivió. “La idea más horripilante es que aquello que creemos con todo nuestro corazón no es necesariamente la verdad“, advierte Loftus.
El libro.
The myth of repressed memory: false memories and allegations of sexual abuse (1996): Una aproximación rigurosa al escándalo de la manipulación de la memoria y sus repercusiones.
Informe del Grupo de Hipnosis de COPCV.
El deseo de este informe es aclarar el uso que se puede hacer de la hipnosis para ayudar a alguna persona a acceder a recuerdos de situaciones anteriores de su vida. Eso es algo absolutamente diferente a la pretensión de que la hipnosis sirva para hacer regresiones a recuerdos de supuestas vidas pasadas.
Establecida esta premisa, vamos a exponer cómo y para qué sirve la hipnosis en este caso.
Durante una sesión en la que se esté usando hipnosis como técnica facilitadora del proceso terapéutico, puede ser de utilidad guiar a la persona hacia algún momento de su vida en el que se percibe que hay recuerdos poco claros, embarazosos, dolorosos o que de alguna manera están ayudando a mantener una patología actual, y por ello se encuentran apartados de la conciencia , o porque sean recuerdos pobres y limitados.
Este acercamiento se hace de una forma muy general, inespecífica y con un cuidado exquisito, a fin de no facilitar la creación o implantación en la memoria de recuerdos falsos. Mientras una persona se encuentra centrada en la hipnosis, y siempre sabiendo la persona lo que se va a abordar, contando con su aprobación, se le lleva a rememorar el tiempo o las circunstancias en las que pudo suceder aquello que se trata de evocar o se le expone al estímulo que le generan ansiedad.
Cualquier recuerdo que pueda surgir se debe de considerar solamente como un producto de la mente, que se puede ajustar a la realidad o bien que puede haber sufrido algún tipo de distorsión, ya que la investigación ha constatado que la memoria tiende a alterar o mezclar imágenes cuando ha transcurrido un cierto tiempo. Esto implica que el recuerdo puede ser correcto o incorrecto, ajustado a lo sucedido en realidad o poco preciso; pero hay que tener en cuenta que las personas tendemos a conceptuar los recuerdos obtenidos con la hipnosis como muy fiables, aunque en realidad no se ajusten completamente, a veces en absoluto, a lo ocurrido en tal momento del pasado.
Una de las ventajas que aporta la hipnosis para acceder a los recuerdos, es procurar a la persona un entorno mental de relajación y bienestar, que le ayuda a poder centrarse y destinar tiempo a recordar, o bien percibir como menos lesivos o amenazantes aquellos posibles sucesos que se están tratando de recuperar, o simplemente afrontar ya que se recuerdan con precisión. No es, por tanto, una herramienta que los instaura sino una forma de facilitar que sean recuperados o afrontados con mayor madurez o seguridad, ya que la persona tiene ahora unas capacidades de afrontamiento de las que carecía antes de la terapia psicológica.
La hipnosis no tiene ninguna capacidad o propiedad especial que pueda incrementar la memoria en cuanto a cantidad y precisión de recuerdo, ni en terapia ni en ningún otro contexto. Solamente es útil para examinar y reestructurar los recuerdos existentes o fácilmente accesibles o para poder enfrentarse a ellos con apoyo de un profesional y poder manejar su intensidad y controlar las reacciones que puedan sentirse.
Los falsos recuerdos de abducciones extraterrestres, torturas satánicas, abusos sexuales, etc., se dan frecuentemente en hipnosis cuando el cliente y el terapeuta creen que la hipnosis funciona como la máquina de la verdad, o que todo lo que se recuerda bajo hipnosis es cierto, o que la persona regresada bajo hipnosis actúa tal cual lo hacia a esa edad, todo lo cual la ciencia se ha encargado de demostrar que no es cierto. Esas creencias, junto a lo que se conocen como preguntas tendenciosas, y la presión del terapeuta o el grupo de personas que mantiene las creencias mencionadas, determinan la aparición de falsos recuerdos con consecuencias muy desagradables para el paciente, como romper con la familia, amigos, incluso dedicarse al espiritismo o entrar en sectas, especialmente si se han realizado regresiones a vidas pasadas. En lo referente a estas “regresiones a vidas pasadas“ sólo queremos recordar que no hay ninguna evidencia científica que nos permita tomar en consideración este supuesto a la hora de una terapia psicológica, y menos que sean eficaces como tratamiento, pero sí que pueden generar problemas.
Grupo de Hipnosis Psicológica de COPCV.
Informe de la Sociedad de Hipnosis Profesional.
La utilización de la hipnosis o técnicas regresivas a vidas anteriores se corresponde con modelos de actuación tan iatrogénicos como inapropiados para quienes actúan dentro del ámbito profesional.
La valoración de que modelo de abordamiento se encuadra dentro del respaldo académico y el conocimiento científico, y cual no, es una premisa ética fundamental a tener en cuenta por todo profesional. De lo contrario, caería en una mala praxis deontológica relativa a procurar falsas expectativas a sus clientes, y la tolerancia de condicionamientos operantes, que pudieran ser objeto de facilitación de trastornos como el Trastorno Disociativo de Identidad o el trastorno de personalidad múltiple.
Cuando un profesional conocedor de los riegos inherentes al modelo aplicado a sus clientes, sin advertencia o consentimiento informado previo de los mismos, asume moralmente la responsabilidad de los trastornos que tales prácticas pudieran infrigir a sus clientes, en función del riesgo conocido e ignorado, al no haberles informado de los mismos ni contar con su consentimiento. Por otra parte, ignora los derechos de su cliente como consumidor de un servicio de atención y abordamiento profesional, que la legislación española le confiere.
Cualquier profesional en posesión de una adecuada formación, sabe y conoce, dada la exitencia de suficientes trabajos de investigación publicados, como los anteriormente referidos, que el funcionamiento neurobiológico de la memoria humana, no parece compatible con técnicas agresivas de revivición, máxime si se procura la proyección intencionada de fabulación o falso recuerdo, sobre la base de aprendizajes irracionales.
El conocimiento de estos hechos por parte de un profesional prestador de un servicio de atención y abordamiento profesional legal, esto es, provisto de su alta fiscal, y con la provisión requerida de seguros de responsabilidad civil, profesional y subsidiaria por parte de una sociedad o colegio profesional a la que se encuentra afiliado, se le presupone. Por tanto, la praxis remitente de tales prácticas invitaría a la deducción de que el profesional actúa más de acuerdo a sus intereses económicos que al bienestar de sus clientes, por lo que sus intervenciones serían condenables desde un punto de vista ético y moral.
Sociedad de Hipnosis Profesional.

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