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Hipnoterapia

hipnoterapia

hipnoterapia

La Asociación Americana de Psicología (APA) define la hipnoterapia como un proceso psicológico para guiar o dirigir pensamientos y emociones de las personas con objeto de modular percepciones, emociones y conductas.

Por tanto, se entiende por hipnoterapia la inoculación de algún modelo, tipo o corriente de psicoterapia bajo el soporte de la hipnosis, que por si sola no aporta terapia alguna.

Esto se realiza con objeto de utilizar la focalización atencional que proporciona la hipnosis, para obtener un aprendizaje más breve al moldeamiento de la conducta que facilita la psicoterapia inoculada. Por este motivo se suele referir o calificar la hipnoterapia como terapia breve.

La aplicación de la hipnoterapia se refiere a su aplicación en el campo de la salud, tanto en psicología como en medicina, y la evidencia científica corrobora su uso clínico en el abordamiento y la extinción de trastornos de la conducta y el dolor fundamentalmente, que es su área de mayor eficiencia.

La hipnoterapia, como cualquier otra terapia aplicada a la salud mental de las personas, sólo puede ser aplicada por profesionales sanitarios, sin embargo el nivel de intrusismo por parte de personas denominadas como hipnoterapeutas con ilustración mínima o inexistente es muy elevado, generando un estigma social de fraude y pseudociencia, reforzado por la acción de ilusionistas y prestidigitadores entendidos como hipnotizadores en espectáculos de teatro y televisión.

El origen de este intrusismo proviene de las clases de hipnosis de los jueves de Charcot en la Salpêtrière, que tenían una reminiscencia teatral, exhibiendo con frecuencia a sus pacientes estelares, como una adolescente llamada Augustine que llegó a adquirir tal popularidad, que llegó a ser bailarina principal en el Moulin Rouge, y pintada por Toulouse-Latre, llegando al cine más recientemente.

De esta forma se montan más de 500 espectáculos de hipnosis en la ciudad de París en 1880, que muchas veces exhibían algunas mujeres recién debutadas en la Salpêtrière. Estos espectáculos llegan hasta nuestras días sustituyendo los escenarios de calle por el teatro y la televisión. Algunos de estos actores, deciden imitar a Charcot, más que a las sesiones de los jueves que realizaba en la Salpêtrière, haciéndose pasar por médicos o curanderos.

Este es el origen de los hipnoterapeutas, que siguen haciendo exactamente lo mismo 150 años después. Con frecuencia llaman clínicas a sus consultorios caseros, sin contar con registro sanitario alguno, denominándose a sí mismos doctores y disfrazándose con batas médicas, lo que supone un delito contra la salud pública, penado con prisión en España.

Estos hipnoterapeutas se vieron reforzados en la década de los ´70 y ´80 con el auge de la parapsicología y la ufología (hoy prácticamente inexistentes), dedicándose fundamentalmente a aplicar hipnosis a supuestos abducidos por extraterrestres y a supuestas posesiones demoníacas o apariciones espirituales. Por aquél entonces la psicología aún no conocía bien el síndrome de falso recuerdo, por lo que se dio una cierta credibilidad a sus actuaciones.

¿Qué es la hipnoterapia y para qué sirve?

La hipnoterapia, como su propio nombre indica, supone la inoculación de una terapia, generalmente siempre una psicoterapia, en un sujeto hipnotizado, con el objeto de aprovechar la focalización atencional que procura la hipnosis, para una asimilación y aprovechamiento mejor de la psicoterapia aplicada, obteniendo un aprendizaje comportamental más breve, comparativamente a su aplicación sin hipnosis.

Dado que estás psicoterapias inoculadas con hipnosis fueron realizadas inicialmente por médicos, con finalidad casi exclusiva en la inhibición del dolor, antes de la aparición del cloroformo para la cirugía, y posteriormente por psicólogos, que el siglo XX prácticamente la adjuntaron a sus tratamientos, ya que observaban que sus episodios terapéuticos disminuían sensiblemente, obteniendo un éxito clínico más elevado, estaban compuestas o realizadas según el conocimiento científico respecto a lo que las psicoterapias se refiere, disponible en cada época, que en buena parte el siglo XX fue, cuando menos, discreta.

La hipnoterapia primigenia o el efecto placebo

La psicoterapia primigenia aplicada con hipnosis fue la no psicoterapia, o dicho de otra forma, el efecto placebo. Puesto que el placebo obtiene buenos resultados en el 20% de la población, se le dio una cierta licencia al procedimiento.

Estas prácticas corresponden a la época pre-científica, donde ni siquiera el médico James Braid la había bautizado aún como hipnotismo, refiriéndose el término de magnestismo animal o mesmerismo, en honor a Mesmer y su accidentada carrera médica.

En esta época, no existía la psicología ni naturalmente las psicoterapias, por lo que no era posible su aplicación. El efecto placebo no era conocido por la ciencia.

Consecuentemente desconocían lo que estaban aplicado, y mucho menos porqué obtenían algunos resultados, achacándolos generalmente a energías magnéticas y similares, por lo que era frecuente atar a las personas para «conducir esta energía«.

La hipnoterapia regresiva

A principios del siglo XX comienza a aplicarse el primer modelo definido de psicoterapia con hipnosis denominado como catarsis. De la mano de Breuer primero, y de Freud después, bajo el auspicio y formación de Charcot, comenzaron a abordar lo que denominaban histeria (ya que los trastornos mentales aún no se conocían ni estaban definidos) para remontarse a las escenas traumáticas originarias, y aflorarlas de forma consciente, a efectos de que las personas consiguiesen descargar estas emociones (y sus nocivos efectos), dando por entendido que tales recuerdos traumáticos poseían una carga afectiva asociada que denominaban «monto de afecto» y que finalmente conducían a la histeria. Breuer sostenía y de hecho publicaba con frecuencia que la causa de la histeria se debía a estos recuerdos olvidados, y así se lo trasnmitió a Freud.

A este proceso se le denominó terapia de abreacción y resultó completamente erróneo. Hoy se sabe que ningún trastorno de la conducta se basa en los recuerdos traumáticos (excepto el estrés postraumático), y la terapia aplicada mostraba graves efectos secundarios, en forma de recuerdos que afloraban gracias a la hipnosis, que no eran en absoluto reales, pero que por el hecho de haber aflorado mediante la hipnosis, las personas pensaban que era una realidad que no podían recordar de forma consciente.

A este fenómeno se le denominaría más tarde síndrome del recuerdo falso, y era una consecuencia inevitable de la abreacción. Freud se dio rápidamente cuenta de este fenómeno indeseado, que la ciencia aún no conocía, y lo llamó fabulaciones. Erróneamente Freud culpó a la hipnosis de este fenómeno, y no a la abreacción que aplicaban en ella (aunque lo sospechaba), y decidió abandonar la hipnosis para aplicar otro modelo de terapia, según él más avanzado, que llamaría «cura por el habla«, y que finalmente terminó llamándose psicoanálisis, que resultó nefasto para la psicología.

Dada la terrible influencia que Freud ejerció, muchos psiquiatras continuaron aplicando la abreacción durante años, que terminó llamándose hipnosis regresiva, siempre con resultados igual de peupérrimos clínicamente hablando. Finalmente el conocimiento científico descubrió y etiquetó el síndrome de falso recuerdo, por lo que el personal sanitario dejó de utilizarla definitivamente.

Una vez la hipnosis regresiva fue abandonada por el personal sanitario, los hipnoterapeutas la hicieron suya, como una oportunidad de negocio abandonada. Naturalmente su falta de ilustración les impedía saber porqué. Gracias a esta acción nefasta de los hipnoterapeutas, que en algunos casos presentaban dificultades para leer y escribir, afloraron miles de falsos recuerdos relacionados con abducciones extraterrestres y posesiones demoníacas o espirituales en los años ´70 y ´80, pero lo que es aún más grave, con supuestos abusos sexuales paterno filiales, que acabaron el los tribunales de justicia. Aunque resultó obvio y evidente que tales violaciones sexuales nunca habían existido, y los padres acusados, utilizando la hipnosis regresiva como único testimonio, fueron absueltos, el daño causado a las familias fue en la mayoría de los casos irreparable.

A partir de ese momento, cualquier tipo o modalidad de hipnosis fue eliminada como prueba pericial en un juicio, sin embargo, los hipnoterapeutas responsables nunca ingresaron en prisión, y continuaron ejerciendo esta nefasta praxis hasta nuestros días. Afortunadamente la ilustración popular mejoró sensiblemente, y las universidades occidentales se llenaron, por lo que este tipo de acciones por parte de los hipnoterapeutas hoy en día, no suponen más que un simple y vanal «hazmereir«, pero a cambio de estigmatizar a la hipnosis para siempre.

La hipnoterapia directa o conductista

Tras este oscuro pasado, tanto la psicología como la hipnoterapia prosperaron en el conocimiento científico, y ambas llegaron a las remansas aguas de la psicoterapia conductual. Nada podía ir mal. Se crearon los primeros laboratorios de psicología, entre los que destacó el laboratorio de psicología de la Universidad de Columbia, y cualquier técnica psicoterapéutica se probaba hasta la saciedad con animales, antes de aplicarla a las personas. Las pruebas de condicionamiento funcionaban a la perfección en los ensayos con animales. Fue la época dorada de Skinner y su caja, una vez quedó probado que los experimentos de Pavlov estaban en lo cierto, a los cuales se les añadieron variables en la modificación de la conducta por parte de Thorndike primero, y de Watson después.

El condicionamiento conductual estaba listo para ser exportado a las personas, y pronto coadyuvó con la hipnosis. El artífice de esta aplicación de las técnicas conductuales, a las que se oficialmente se llamó psicoterapia conductista, a la hipnoterapia fue Clark L. Hull, ilustre licenciado en psicología por la universidad de Míchigan y doctor por la universidad de Wisconsin, que llegó a ser incluso presidente de la APA entre 1935 y 1936.

Hull fue víctima de una gran ironía de la historia. Odiaba profundamente a los hipnoterapeutas, a quienes expulsaba literalmente a puntapiés de sus clases de hipnoterapia, y no obstante fue el más imitado por ellos, tanto es así, que algunas de sus famosas técnicas de la época como la fijación de la mirada y sus conceptos o expresiones de «orden«, y «orden post-hipnótica«, siguen siendo utilizadas por los hipnoterapeutas hoy en día, a pesar de ser técnicas completamente superadas y obsoletas para el conocimiento científico, mostrando abiertamente su carencia de conocimientos.

Hull siempre quiso diferenciar la psicoterapia conductista de su aplicación con hipnosis, por lo que decidió llamarla hipnosis directa, más que hipnosis conductista, cosa que paradójicamente los hipnoterapeutas también imitaron, pero mezclado conceptos, como hipnosis clínica directa o hipnosis directa inconsciente y tonterías similares.

Con el tiempo Hull llegó a obtener todo el prestigio imaginable, al demostrar empíricamente que la hipnosis y el sueño no tenían relación alguna, e igualmente aportó a la psicología sus hipótesis de que los animales aprenderían más rápidamente cuanto más fuerte fuese la necesidad o el impulso fisiológico, y cuanto más inmediato fuese el refuerzo (que aún no se llamaban contigencias), lo que entre otras cosas le conduciría a la presidencia de la APA.

Tal prestigio social atrajo a sus clases de hipnoterapia a psiquiatras procedentes de todos los lugares, incluso recónditos, atestadas de médicos procedentes de todos los confines de la tierra, muchos de ellos psicoanalistas y fieles seguidores de Freud, a los que Hull castigaba a las últimas filas de sus clases, excepto a un joven y escuálido psiquiatra de pueblo con problemas de movilidad, al que siempre cedían el mejor asiento debido a su paraplejia producida por la poliomelitis, llamado Milton Erickson.

La terapia conductista y su homóloga en hipnoterapia, la hipnosis directa, no tenían discusión alguna en la época. Corroborada en los laboratorios de psicología, suponía el exponente máximo de lo empírico. Sin embargo algo comienza a fallar. La terapia conductista funciona a la perfección en animales, pero no tanto en las personas, que apenas supera el 25% de éxito clínico. Y lo que es peor, nadie comprendía porqué.

Algunos psicólogos que alcanzarían una gran relevancia, empezaron a apuntar que el fallo consistía en que los seres humanos, además de una conducta que pueden aprender como cualquier animal, también poseen cognición, mientras que los animales no, lo que supone una diferencia crítica que explica el alto índice de fracaso clínico.

Pronto parece claro que la terapia cognitiva era fundamental en el tratamiento de los seres humanos, y la terapia conductista, que pronto pasaría a llamarse conductual o comportamental, solo era una pequeña parte del proceso, y en ningún caso el único modelo de terapia aplicable, ya que los seres humanos eran mucho más complejos que los animales. Por su parte, los ideólogos de la terapia cognitiva comienzan a cometer el mismo error, es decir, afirmar que con estructurar la cognición de las personas es suficiente para modelar cualquier problema de la conducta. Comienza la guerra entre los cognoscitivistas y los conductistas. Ambos creen estar en posesión de la verdad, y la hipnoterapia no podía quedarse al margen.

La hipnoterapia indirecta o ericksoniana

En este contexto prácticamente bélico entre cognoscitivistas y conductistas en la psicoterapia, la hipnoterapia se suma a esta guerra, considerada como revolución, y sus artífices (cognoscitivistas) como revolucionarios al conocimiento empírico corroborado en los laboratorios de psicología con los animales.

El líder revolucionario indiscutible en lo que a la hipnoterapia se refiere es Milton Erickson que aboga por el modelo cognitivo y una terapia enfocada en el paciente, enfrentándose a su maestro y profesor Clark L. Hull, representante incuestionable del conductismo legalmente establecido. Esto les costaría a ambos una enemistad manifiesta, que duraría hasta su muerte.

Sin embargo, el perfil más humanista que presentaba la terapia cognitiva, frente al perfil anquilosado e intransigente de la terapia conductista, sumado a que el conductismo con frecuencia se saltaba sus estrictas reglas en los procesos de investigación, consiguieron que la terapia cognitiva alcanzase relevancia, mientras que la terapia conductista la perdía.

Lo mismo sucede con la hipnoterapia, sin embargo los términos meridianamente claros y definidos que se emplean en psicología de cognoscitivismo y conductismo, apenas se emplean en hipnoterapia por una razón simple, la mayoría, sino la práctica totalidad, de quienes trabajaban y escribían sobre hipnoterapia en la época eran médicos (psiquiatras), a quienes no les gustaba en absoluto utilizar la jerga de los psicólogos, que consideraban unos filósofos de segunda fila, que pretendían inmiscuirse en un terreno que consideraban absolutamente médico. El cerebro para ellos era un segmento de la anatomía humana y la conducta o comportamientos que de el se deriven también, y por tanto una jurisdicción médica, esa era su forma de pensar, con la que naturalmente los psicólogos no estaban en absoluto de acuerdo.

No fue fácil ni sencillo resolver esta disquisición. Los médicos psiquiatras se echaron a reír, ante la posibilidad de considerar a los psicólogos como personal sanitario, colocándoles a su misma altura intelectual y social, cuando sólo les consideraban filósofos especuladores. Fue necesario acotar y separar las materias de psicología y neurobiología para repartir los ámbitos de intervención, y que unos y otros no se considerasen intrusos, aunque no funcionó demasiado bien hasta bien entrado el siglo XXI, que empezaron a respetarse mutuamente.

La hipnoterapia era la tierra de nadie. Psiquiatras y psicólogos intervenían por igual, pero naturalmente la casta pertenecía a los psiquiatras, y estos se negaban a utilizar términos psicólógicos, lo que siempre la perjudicó en cierta forma, y dejó la puerta abierta a esos seres malvados que ambos despreciaron siempre, los hipnoterapeutas, que consideraban (posíblemente con razón) entre lo perverso y lo satánico.

A este cordial y amigable ambiente en el que siempre se ha desvuelto la hipnoterapia, cabe añadir la lucha intestina entre psiquiatras conductistas y psicólogos cognoscitivistas. Pocos psiquiatras se sumaban a este movimiento, ya que lo consideraban mayoritariamente una filosofía barata propia de la psicología, cuando en su seno contaban con una legión de psiquiatras psicoanalíticos, fieles seguidores de Freud. Algo incomprensible a la vista del común de los mortales. En este «río revuelto«, los únicos que sacaban provecho eran los hipnoterapeutas, que podían decir lo que les viene en gana, empírico o no, barbaridad o no, sin que nada sucediera.

Sin embargo, uno de estos psiquiatras da un paso al frente, y se coloca del lado de la terapia cognitiva, defendiendo además que la terapia debe basarse en el paciente y no en el terapeuta. Esto era poco menos que un pecado mortal para los conceptos de la época, pero a Milton Erickson eso no le importaba en absoluto, puesto que se negaba a utilizar conceptos de la psicología, y dado que su profesor era el máximo exponente de la terapia conductista, decidiendo bautizarla como hipnosis directa, Milton Erickson no lo dudó ni un segundo … pues a la terapia cognitiva con hipnosis la llamaremos hipnosis indirecta, básicamente porque sabía que era una patada para Hull.

Finalmente la hipnosis indirecta según Erickson o la hipnosis ericksoniana según sus seguidores, tampoco acaba por seguir los parámetros de la terapia cognitiva (excepto posiblemente algunas técnicas de disociación de Hilgard), y termina convirtiéndose en una suerte de procedimientos ideados por Milton Erickson que ni siquiera intenta que sean contrastados por ensayos clínicos, por lo que presentan evidencia clínica de ningún tipo dado que no cree demasiado en ello, sino que lo basa exclusivamente en su experiencia interventiva, y tampoco recomienda que lo imiten, cosa que no se cumplió, ya que casi toda la hipnosis ericksoniana se basa prácticamente en imitarle.

La carencia de procedimientos clínicos de la hipnosis ericksoniana trató de ser corregida tras su muerte, por sus más fieles seguidores como Rossi y Zeig fundamentalmente, pero ya era demasiado tarde, y la hipnosis ericksoniana comienza su declive hasta el día de hoy, que se le considera oficialmente como una simple pseudociencia por muchos gobiernos (otros simplemente la ignoran).

La hipnoterapia clínica

La psicología clínica encuentra finalmente una forma o modelo que resuelve los problemas de trastornos en las personas. No se trata de un modelo nuevo, sino de la conjunción de los anteriores, cuya eficiencia parcial ya estaba corroborada. Así nace la terapia cognitivo conductual en la psicología, denominada como psicología clínica, que aglutina la terapia cognitiva y la terapia comportamental o conductista en una sola.

Hacia los años ´70 esta tendencia se consolida y se hace prácticamente universal, con más de un 85% de psicólogos que la utilizan, por lo que pronto encontrará su espejo como hipnoterapia clínica.

La hipnoterapia clínica, al igual que la psicología clínica, tiene 3 pilares básicos:

  • El primero de ellos, son las investigaciones del fisiólogo ruso Ivan Pavlov, quien accidentalmente descubre un proceso básico de aprendizaje, que luego denominará «condicionamiento clásico«. De forma resumida, se trata de un proceso mediante el cual los organismos aprenden relaciones que se pueden predecir entre un estímulo y su respuesta comportamental.
  • Esta experiencia se amplía en los años ´30, con las investigaciones de F. B. Skinner, que plantean de otro tipo de aprendizaje, al que llama «condicionamiento instrumental u operante«, proceso mediante el cual, los comportamientos se adquieren, mantienen, o extinguen en función de las consecuencias que le siguen, a lo que denominó contingencias. Estos paradigmas, pasaron a formar lo que hoy se conoce como «teoría del aprendizaje«, de la que se nutre la «Terapia Cognitivo Conductual» y la hipnoterapia clínica.
  • Por otro lado, y de forma relativamente independiente, Aaron Beck y Albert Ellis desarrollan sus 2 modelos de intervención que se denominan «terapia cognitiva» y «terapia racional emotiva» que coinciden en lo básico, y donde se da especial relevancia a las influencias que el pensamiento ejerce sobre las emociones, admitiendo que no toda la vida emocional puede explicarse mediante el pensamiento, y también reconociendo la importancia, al menos igual de importante, de las técnicas comportamentales.

Por tanto de una forma muy abreviada, se puede decir que los 3 pilares básicos en los que se asienta la «Terapia Cognitivo Conductual» y por derivación la hipnoterapia clínica son: El aprendizaje clásico (de orientación comportamental), el aprendizaje operante (igualmente conductual) y el aprendizaje cognitivo.

Preguntas frecuentes sobre la hipnoterapia

Referencias

  • Gorassini D.R. y Spanos N.P. A cognitive & social skills approach to the successful modification of hypnotic susceptibility. Joarnal of Personalityand Social Psychology 50, 1004-101 2 (1986).
  • González Ordi H., Miguel Tobal J.J. y Tortosa F. ¿Es la hipnosis un estado alterado de consciencia?: Raíces históricas de una controversia. Revista de Historia de la Psicología 13, 51-74 (1992).
  • Gravitz M.A. Discussion of forensic uses of hypnosis. American Journal of Clinical Hypnosis 23, 103-111 (1980).
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  • Hull C.L. Hypnosis and suggestibility: An experimental approach. Appleton Century Crofts (1933).
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