Marqués de Puységur y el magnetismo animal

Armand Marie Jacques de Chastenet, Marqués de Puységur. Nace en París el 1 de marzo de 1751, en una noble familia militar, actuando como mariscal de campo en 1789, y teniente general en 1814. Fue coronel del regimiento de Estrasburgo en 1786.

Fue un alumno aventajado de Mesmer, llegando al mesmerismo a través de su hermano Antoine-Hyacinthe, conde de Chastenet. El marqués de Puységur se convirte en poco tiempo en un reputado magnetizador tratando a personas de toda Francia.

En 1785 impartió el curso sobre magnetismo animal para la sociedad masónica local, creando su propio instituto de enseñanza, la «société harmonique des amis réunis» en el cual desarrolla la teoría de que las convulsiones y agitaciones de las personas a las que el mesmerismo prestaba tanta atención durante la sesión no eran en absoluto relevantes, y que el foco debía centrase en voluntad del terapeuta sobre el enfermo.

Su trabajo se centró en definir un estado peculiar del sueño que observaba en sus pacientes, al que denominó «sonambulismo«. Sus trabajos unidos a los de Jean Philipe Deleuze (1753-1835) llegaron a la conclusión de que el empleo del magnetismo produciría un vínculo entre el magnetizador y el magnetizado.

Marqués de Puysegur

Esta investigación fue presentada a la academia de medicina y provocó que se convocase una nueva comisión que finalmente dio un informe positivo al empirismo terapéutico del magnetismo en 1931. Esta conclusión sería muy breve ya que pronto se convocaría una segunda comisión cuyo informe fue contrario y completamente desfavorable debido a las técnicas poco científicas empleadas por los partidarios del sonambulismo magnético.

Inicios del Marqués de Puységur y en el magnetismo animal

El magnetismo se realizaba como un tratamiento colectivo que usualmente tenía lugar en una plaza o espacio abierto, siempre con la condición de que estuviese rodeado de árboles. Los enfermos se ubicaban alrededor de estos árboles ataviados con cuerdas colgadas de las ramas más gruesas. Los enfermos eran atados a estas cuerdas por sus zonas enfermas, al tiempo que se unían unos a otros mediante cadenas en sus pulgares.

magnetismo animal

A continuación el marqués de Puységur les tocaba con una varita de hierro que provocaba en ellos una «crisis» donde el enfermo caía en una especie de sueño magnético.

Esta escenografía se ha seguido utilizando en la hipnosis de espectáculo hasta nuestros días, siendo este su punto cultural de origen.

Obviamente tanto los enfermos como los magnetizadores de la época desconocían completamente su funcionamiento real como psicología del endogrupo y auto-sugestión de los participantes, puesto que la psicología como tal no existía.

Una vez que los enfermos entraban en esta «crisis«, que denominaban estado de «sonambulismo magnético» se diagnosticaban las enfermedades que padecían y muchos de ellos incluso predecían el curso y término del tratamiento, lo que hoy en psicología se conoce como profecía auto-cumplida.

Naturalmente existía una versión con sillas tapizadas para la nobleza y la masonería, ya que por su condición y ropajes no podían estar en contacto directo con el suelo y burdas cuerdas, por lo que eran sustituidas por otras de fino encaje. En este contexto, el 4 de mayo de 1784 el marqués de Puységur publica su primer libro sobre magnetismo animal y realiza dos informes oficiales patrocinados directamente por Louis XVI.

Del magnetismo al hipnotismo. El final de la superchería.

magnetismo

El marqués de Puységur estaría viviendo los últimos años dorados del magnetismo y el mesmerismo, no solo en Francia, sino también en el resto de Europa.

La revolución francesa puso el punto y final en este país, el primer lugar en darle cabida, pero también el primero en erradicarlo. Puységur sin el inestimable apoyo de Louis XVI comienza a observar dificultades.

El último informe de la comisión real francesa fue nefasto (Poisonnier, Jussieu, Caille, De Mauduyt y d´Andry) calificando esta práctica como una superchería en su «Rapport des commissaires de la Société Royal de Médicine, nommés par le Roi pour faire l’examen du magnétisme animal».

Este hecho, unido a la agitación revolucionaria en la que participaban personas como el abad indostano-portugués José Custodio de Faria, que ya empezaban a proclamar una nueva era o visión de estas prácticas, pusieron fin al magnetismo animal en Francia, e hizo que el marqués de Puységur presenciase con sus propios ojos como su maestro (Mesmer) quedaba condenado al ostracismo, viéndose obligado a cerrar su consultorio de París en 1785, y huir a Alemania con temor por su condición y buen nombre.

Mesmer deja todas sus posesiones a cargo de su esposa Maria Anna von Porsch, no siendo la primera vez que a Mesmer le sucedía tal cosa ya que con anterioridad quiso tratar a una adolescente ciega desde la edad de 4 años (Theresa Paradis), que estaba bajo la protección de la emperatriz de Austria, y antes de que fuera capturado por la policía, vendió igualmente sus bienes y se trasladó a París.

En esta ocasión, el periplo sería en dirección contraria y el principio de una larga huida que finalizaría en Meersburgo, a la ribera del lago de Constanza. Dadas todas estas circunstancias, y una vez conocido que el futuro emperador Federico Guillermo III tenía la clara idea de prohibir el magnetismo, el marqués de Puységur se distancia de este magnetismo animal mesmérico, y denomina, ya de forma definitiva, sus prácticas como sonambulismo artificial. Nunca se tuvo la certeza si debido al devenir de los acontecimientos o bajo convicción propia.

¿El magnetismo presentaba alguna base científica?

Las prácticas realizadas en el magnetismo animal serían definidas hoy día como un «efecto placebo» que posee una fuerte capacidad de condicionamiento instrumental sobre la conducta mediante la auto-sugestión, que implica tres condiciones básicas.

La primera indudablemente son las creencias (generalmente irracionales), sin ellas es prácticamente imposible establecer una asociación o disociación auto-gestionada. La segunda es la psicología del endogrupo, que aún sigue usándose en nuestros días tanto en espectáculos vanales como la hipnosis de espectáculo, así como en alternativas más serias tal como la psicoterapia de grupo.

La tercera indudablemente sería el rapport o credibilidad del practicante. Estas tres condiciones solían darse con cierta frecuencia en la época dorada del magnetismo, por lo que el «placebo» ejercía fácilmente su eficiencia, especialmente en aquellas personas aquejadas de trastornos de la ansiedad y del humor, con sus correspondientes somatismos biológicos, que no mucho después (en los orígenes del hipnotismo) se definiría como histeria.

El «placebo» y los trastornos ansiosos siempre han gozado de espléndidas relaciones, y se encuentra presente en cualquier procedimiento médico, hasta el punto que para realizar la fase clínica de cualquier fármaco, es condición obligatoria establecer un grupo de control al que se aplica el placebo, para posteriormente compararlo con el grupo al que se administra el medicamento.

La hipnosis siempre se ha encontrado bien acompañada del placebo en su trayectoria. Debe considerarse que el conocimiento científico solo estuvo en disposición de ofrecer hipnosis clínica en la segunda mitad del siglo XX, por lo que todos los tipos de hipnosis anteriores a ella como la hipnosis regresiva o de abreacción, así como la hipnosis directa o conductista y la hipnosis indirecta o ericksoniana, aprovecharon hábilmente esta ventaja táctica que el «placebo» les ofrecía en cualquiera de sus tratamientos, y haciendo honor a la verdad más estricta, las técnicas empíricas de modificación de la conducta en la hipnoterapia no comenzaron hasta la década de los ´70 – ´80.

Preguntas frecuentes sobre el marqués de Puységur

Referencias

  • Roselló C., Roselló J., Horrach M., Perelló H. El sonambulismo según Pere Mata: un estado intermedio de la razón. Revista de Historia de la Psicología vol 16 nº 3-4. pp. 222 (1995).
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  • Crabtree A. From Mesmer to Freud: Magnetic sleep and the roots of psychological healing. Yale University Press (1993).
  • Grimes H. Identities and powers in flux: Mesmerism, hypnotism, and George Du Maurier’s Trilby. In: Grimes n. 69 pp. (2000).